Emprender

Emprender: Cuántos significados habitan en una sola palabra!

Me sabe a empezar

me sabe a aprender

y también a empoderarse.

Prender la luz, empeñarse

saber caer, levantarse,

empaparse de mil sueños,

sentirse por fin el dueño

de este fabuloso viaje…

Para Pame…

En este mundo de zombies

y sonrisas impostadas,

de abrazos fuertes que esconden

la más atroz puñalada

no es fácil ser alma noble

Y de maldad despojada.

Porque ese corazón dulce

y transparente mirada

no entienden de falsedades

ni saben crear coartadas.

Solo el sudor de su frente

y su labor dedicada

son su armadura y su escudo

resistiendo la emboscada.

Y le lanzarán mil piedras

con calumnias inventadas

y querrán verla en el barro

ya sin fuerzas y sin ganas.

Porque los más infelices

-esa gente desdichada-

no soporta ver a aquellos

que cuando cae la noche

pueden reposar tranquila

a su cabeza en su almohada.

Más la vida da mil vueltas

y la lección será enviada

y el tiempo, ese viejo sabio

le dará a quien hizo daño

la menester moraleja:

El que del brillo se queja

vive con luz apagada.

Escribir para no gritar

Yo vivo escribiendo para no vivir gritando. En esos momentos en los que de mi se apodera un sentimiento iracundo irrefrenable, en los que la vida me pone contra las cuerdas y me interpela y abofetea y vuelve otra vez a cuestionarme y a lastimarme, mi escritura es mi escudo y mi arma. El frenético silencio de mi pluma lleva el compás de mi rabia, mi impotencia, mi frustración y mi angustia.

Si uno no explota, implota (eso dicen) mas yo encontré este recurso a mitad de camino, donde un pobre trozo de papel o una simple libreta acaban siendo las víctimas menos pensadas, sobre las cuales derramo todo lo tóxico que la gente deposita en mi.

No me guardo nada… todo se va, todo lo saco, todo lo tiro. Esa es mi defensa, mi protección, mi terapia.

Durante la siesta

jazminEra una hermosa tarde de domingo en la que el sol brillaba tibiamente sobre una impecable lámina azul celeste. La suave brisa del viento se mezclaba con el armonioso coro de mil pájaros que entonando cada uno su particular gorjeo, ofrecían a aquel verde y apacible barrio la más exquisita melodía.

Perros y niños interrumpían intermitentemente aquella orquesta con sus sonidos de juegos, ladridos y carcajadas llenitas de inocencia y vida.

El jazminero yacía apacible y frondoso en el jardín de la casita rosa -la única de ese color en toda la calle- perfumando dulcemente todo a su alrededor y augurando un verano de fiestas, reencuentros familiares y recuerdos de antiguas navidades.

Ella permanecía sentada frente a su laptop en aquel patio agreste, buscando las palabras justas, las más correctas, las más preciosas con las cuales plasmar esa escenografía en su texto y en su corazón, a sabiendas de que al día siguiente la esperaba la misma tediosa rutina de siempre. ¡Ah! ¡La oficina! Aquella cárcel con luminosas paredes blancas, ordenadores e impresoras por doquier, con carceleros de sonrisas impostadas, compañeros de celda intrigantes y oscuros, teléfonos prepotentes reclamando sin parar, estrés y sufrimiento. ¿Cómo es que así la gente humilde se “gana” la vida? A ella le consta que allí no gana nada. Allí solo pierde horas de su vida, pierde salud, pierde alegría, a cambio de una pequeña cifra en su cuenta bancaria a fin de mes.

El vil metal. El motor de aquella sociedad enferma, que camina en piloto automático sin saber a dónde va ni por qué camino, encandilada por las amarillentas pantallas de sus smartphones que registran el minuto a minuto de sus pobres existencias sin saberlo, para que las redes sociales vendan su información a otras empresas que luego les harán creer que están comprando lo que ellos buscan, que necesitan aquello para ser más felices –o al menos aparentarlo- y publicarlo en sus redes sociales y continuar así el círculo perverso de cinismo y soledad.

Ella sabe que su tortura de mañana es inevitable; la odia desde lo más profundo de su alma, no se acostumbra, no se resigna, no siente que ese sea su lugar en el mundo. Más se conforma, acepta su realidad e intenta atesorar en su retina aquel paisaje, en sus oídos aquellos cantos y las risas y los ladridos, en su piel aquellos abrazos del amor de su vida y en su olfato el aroma de los jazmines, para no olvidar entonces que su sacrificio, su dolor, su pena, su larga estadía semanal en prisión sí tienen un propósito. Y ojalá también, tengan un plazo final.

Si…

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“Si logras conservar intacta tu firmeza

cuando todos vacilan y tachan tu entereza.

Si a pesar de esas dudas mantienes tus creencias,

sin que te debiliten extrañas sugerencias.

 

Si puedes resistir inmune a la fatiga,

y fiel a tu verdad, reacio a la mentira

el odio de los otros te deja indiferente,

sin creerte por ello muy sabio o muy valiente.

 

Si sueñas sin por ello, rendirte ante el ensueño.

Si piensas, más de tu pensamiento sigues dueño.

Si triunfos o desastres no menguan tus ardores,

y por igual los tratas, como a dos impostores.

 

Si soportas oír tu verdad deformada,

Para trampa de necios, por malvados usada.

O mirar hecho trizas, de tu vida el ideal,

y con gastados útiles, recomenzar igual.

 

Si el total de victorias conquistadas

Arriesgar puedes, en audaz jugada,

Y aun perdiendo, sin quejas ni tristeza,

Con bríos renovados, reinicias tú la empresa.

 

Si entregado a la lucha, con nervio y corazón

aún desfallecido, persistes en la acción,

y extraes energías, cansado y vacilante

de heroica voluntad, que te ordene: ¡Adelante!

 

Si hasta el pueblo te acercas sin perder tus virtudes,

 o con reyes alternas, sin cambiar de actitudes.

Si no logran turbarte amigos ni enemigos,

pero en justa medida, contar pueden contigo.

 

Si alcanzas a llenar el minuto sereno,

Con sesenta segundos de un esfuerzo supremo,

lo que existe en el mundo, en tus manos tendrás

Y además, hijo mío, alguien de bien serás.”

 

Rudyard Rypling

El punto de partida

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Ella sabía que algo sí tenía: Dudas. Inseguridades y miedos ante el nacimiento de aquello que poco a poco en su interior comenzaba a gestarse. Ya le había sucedido otras veces; muy a menudo solía tener esa sensación de adrenalina al ser consciente de que una nueva idea iba tomando forma en el fondo de su corazón. ¿Por qué esta vez era diferente? Quizás porque tomar la decisión de mostrarle al mundo sus más íntimos textos la exponía al escrutinio público, al “qué dirán” y al dedo señalador que la tornaría vulnerable e indefensa.

¿Y si es una mala idea? ¿Y si lo ve fulanit@? ¡Qué insensatez! Ya no es hora de comenzar con estas cosas, más bien hay que ser un adulto responsable, que cumpla su horario de 9 a 18, sonriendo, bajando la cabeza, aceptando humildemente el lugar que ocupa en este mundo frívolo, carente de emociones, sin gusto por los buenos libros, la buena música ni el arte.

En ese momento, mientras sentía la melodía de las teclas al escribir en su laptop, esbozó una sonrisa de un solo lado, miró a su alrededor y para sus adentros y pensó: Justamente… No es momento, es insensato, lo puede ver cualquiera, no es coherente con la imagen de ser una persona adulta y responsable. Y así, sin más rodeos, sin más culpas, con la total complicidad de su (in)consciencia, publicó su primer post.